Estrés

El otro día os pregunté en una historia que relación manteníais con el estrés, el 75% de las personas que colaboraron contestaron “como enemigo”.

Esta percepción del estrés como un gran enemigo, tan extendida y recurrente, es completamente desadaptativa y perjudicial, es más, varias investigaciones y estudios han comprobado como nuestra percepción del estrés altera nuestras respuestas fisiológicas y psicológicas. Dependiendo de la percepción ante el estrés, podemos sufrir más sintomatología negativa. Si valoramos el estrés como un aliado que nos encamina hacia la acción y nos provoca una búsqueda de soluciones, los síntomas no serán negativos. Pero, si cuando sentimos estrés, nuestra respuesta habitual es el bloqueo, la inseguridad o el miedo, los síntomas negativos serán muy notables y podemos entrar en un círculo vicioso:

Situación novedosa➡️estrés➡️bloqueo/miedo➡️no hay respuesta adaptativa➡️más estrés➡️frustración/culpa➡️situación novedosa➡️mayor estrés por experiencias negativas pasadas➡️estrés crónico

Realmente, el estrés no es negativo, es una respuesta adaptativa de nuestro organismo en la que colaboran varios sistemas de alerta, es un sistema de defensa ante peligros o situaciones novedosas para los que no tenemos aún un sistema de respuesta previamente establecido. Actualmente no tenemos grandes peligros diarios como nuestros antepasados, por lo que el estrés hoy en día se deriva generalmente de una falta de tiempo o mejor dicho, de un exceso de trabajo o responsabilidades y la falta de descanso.

De forma instintiva podemos reaccionar ante el estrés huyendo, luchando o paralizándonos. En este mecanismo primario de respuesta interviene la amígdala, que forma parte del sistema límbico y cuya finalidad es mantener nuestra supervivencia. Pero posteriormente entra en juego nuestra corteza prefrontal, la parte analista y racional de nuestro cerebro. Si tenemos bien entrenada nuestra capacidad de afrontamiento y nuevamente, si cargamos nuestra mochila de recursos, la respuesta ante el estrés será positiva.

El estrés nos empuja a la acción, nos avisa de un evento importante y/o novedoso, no es nuestro enemigo, nuestro enemigo somos nosotros mismos cuando no tenemos suficientes herramientas para reaccionar ante estas situaciones. ¿Cuándo se convierte el estrés en negativo y muy perjudicial para nuestra salud? Cuando es crónico, cuando se mantiene en el tiempo y es recurrente, de esta forma segregamos excesivo cortisol y esto produce reacciones en cadena por todo nuestro organismo, produciendo enfermedades, somatizaciones y problemas neurales.

Existen numerosas estrategias para afrontar el estrés y que no se convierta en algo crónico, cada una de estas herramientas dependen de factores individuales y preferencias personales. Pero a nivel general hay ciertos recursos que ayudan a manejar estos niveles de estrés:

- La meditación: la respiración es un elemento clave en la regulación de los síntomas de estrés y por lo tanto en su percepción.

- Los hábitos de vida positivos: cualquier tipo de actividad que permita a nuestro cuerpo moverse y conectar, una buena alimentación y evitar malos hábitos (tabaco, alcohol y drogas)

- Un buen descanso: el sueño es necesario para nuestro cerebro, mucho más de lo que antiguamente se pensaba. Es el momento en el que nuestro cerebro reinicia, almacena y limpia. (ya hablaremos del sueño más adelante)

- Las relaciones sociales positivas: como ya he comentado en varias ocasiones, las relaciones son muy importantes y ayudan a manejar estos momentos de estrés de diferentes formas.

- La aceptación: aceptar que estamos en la situación presente nos ayuda a concienciarnos y a estar conectados con el momento, sin anticipar resultados que puedan generar ansiedad o recordar situaciones que puedan generar sintomatologías depresivas. Aceptar es el primer paso para proseguir el camino de la forma mas sincera, racional y coherente.